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Cuaderno Otoño Cheyenne y Palabra Mayor

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Transcripción con símbolos

toda la vida. Es cierto que nos veremos al cabo | de mes y pico, en Bogotá, pero yo tengo la sensa-|ción de que1 sólo vamos a estar separados una semana | y de que la conozco y amo desde siempre. Me | promete algo para el día siguiente pero yo no | quiero volver a verla para conservar mejor los | recuerdos del momento. Por la mañana, oigo sus | pasos en el corredor, siento cómo se detiene ante | mi puerta y desliza una carta. Se aleja y yo | no quiero ni mirar por la ventana. El sobre | me entrega una tarjeta bellísima, con un tema | sobre Nuevo México y un poema de EE Cummings. | Es lo último que recibo de ella y espero que sea | la primera de una larga escala de dádivas mu-|tuas en Bogotá. Amo a esa niña y creo que | hay algo de extraño, inédito amor en ella por | mí. ¿Qué pasará? A partir del 7 de enero del | próximo año, cuando Ana llegue a Bogotá, lo | sabré. No tengo prisa por primera vez en mucho | tiempo y sólo hay dos precedentes en mi vida | sentimental, tal vez las dos mujeres a las que más | he amado: C.G y M.D Genovés.

XX

Infinita marathón de trabajo el sábado 19, | víspera de mi regreso. Ray y Pam me llevan al | estadio a ver a Ralphie III, la mascota del equipo | de fútbol, un búfalo al que literalmente le | tomo el pelo. Crespo, amarillento tirando a rojizo, | el animal no se inmuta ante mis caricias. Luego, | corre por todo el estadio ante el frenesí de todos los fanáti-|cos. Almuerzo en Denver y, por casualidad, en el | Santa Fe, un restaurante especializado en comida | de Nuevo México: pienso en Ana y en su tarjeta | de esa mañana y creo que las casualidades con-|tinúan creciendo. En The tattered Cover Books-|tore compro para Ana un[a] <Di> Agenda ilustrada | con láminas medievales y con poemas de amor de | los trovadores. Sé que le gustará. Por la tarde hago | mis maletas y trabajo con Ray en varios proyectos: 

1) Enmienda editorial: faltaba el “que”.

Transcripción sin símbolos

toda la vida. Es cierto que nos veremos al cabo de mes y pico, en Bogotá, pero yo tengo la sensación de sólo vamos a estar separados una semana y de que la conozco y amo desde siempre. Me promete algo para el día siguiente pero yo no quiero volver a verla para conservar mejor los recuerdos del momento. Por la mañana, oigo sus pasos en el corredor, siento cómo se detiene ante mi puerta y desliza una tarjeta. Se aleja y yo no quiero ni mirar por la ventana. El sobre me entrega una carta bellísima, con un tema sobre Nuevo México y un poema de E.E Cummings. Es lo último que recibo de ella y espero que sea la primera de una larga escala de dádivas mutuas en Bogotá. Amo a esa niña y creo que hay algo de extraño, inédito amor en ella por mí. ¿Qué pasará? A partir del 7 de enero del próximo año, cuando Ana llegue a Bogotá, lo sabré. No tengo prisa por primera vez en mucho tiempo y sólo hay dos precedentes en mi vida sentimental, tal vez las dos mujeres a las que más he amado: C.G y M.D Genovés.

XX

Infinita maratón de trabajo el sábado 19, víspera de mi regreso. Ray y Pam me llevan al estadio a ver a Ralphie III, la mascota del equipo de fútbol, un búfalo al que literalmente le tomo el pelo. Crespo, amarillento tirando a rojizo, el animal no se inmuta ante mis caricias. Luego, corre por todo el estadio ante el frenesí de todos los fanáticos. Almuerzo en Denver y, por casualidad, en el Santa Fe, un restaurante especializado en comida de Nuevo México: pienso en Ana y en su tarjeta de esa mañana y creo que las casualidades continúan creciendo. En The Tattered Cover Bookstore compro para Ana una agenda ilustrada con láminas medievales y con poemas de amor de los trovadores. Sé que le gustará. Por la tarde hago mis maletas y trabajo con Ray en varios proyectos:


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