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Cuaderno Otoño Cheyenne y Palabra Mayor

Página 26


Transcripción con símbolos

palmas y así regresamos bajo la cegadora | luz del sol de noviembre, reflejado en la | blanca nieve del campus: al fondo el río, | los puentes, los árboles con sus témpanos | y nosotros dos, quién sabe hacia dónde…

XIX1

El viernes, antepenúltimo día de mi estancia en | Boulder y USA, es agitado. Desayuno temprano | con Djedal Kadir, Ariel Dorfman y otros invitados, | en el Faculty Club. Alrededor de las nueve, Ana | nos toma varias fotos y, radiante, me dice que | ya tiene su pasaje para Bogotá. Kadir bromea | sobre nosotros dos y Ana, nerviosa y tímida, son-|ríe: Kadir insiste en tomarnos, a Ana y a mí, una | foto juntos. Bromas. Almuerzo de trabajo, a la gringa, | y paseo con Kadir por la colina. Magnifico tipo, | como me lo pareció desde Saint-Louis. Al | promediar la tarde, y antes de la conferencia de, | Dorfman, vuelvo a encontrarme con Ana: con sus | compañeros, analiza en el Roma Expresso – mi sitio | preferido y, sin saberlo, también de ella – el cuento | Las babas del diablo, de Cortázar. Les recomiendo | que, como complemento, vean la película Blow-Up | de Michelangelo Antonioni, basada en el cuento. | Tras la conferencia de Dorfman, y un coctail2 en casa | de Ray Williams – donde vuelvo ver a *Sukenic y | a otros escritores posmodernos, como Kats, por ejemplo –, | voy al Faculty Club. A los cinco minutos aparece | Ana para cumplir nuestra última cita en Boulder. | Nunca la vi tan hermosa y exquisitamente vestida. | Su hermoso cabello sobre la frente, lo que hace aún más profunda y limpia su mirada, un bello traje | rojo, de noche, su abrigo, y foulard, y para que | todo sea completo, el carro* de su mamá, pues | la noche es especial. Tiene mucha clase y siento | que tanta belleza es para mí. La llevo al | Boulderado, lugar ya entrañable para ambos, y | la noche comienza para nosotros como aperitivo | con una de las sonatas de Beethoven. Le cuento 

1) Acá utilizó Liquid Paper para enmendar el número.

2) Así en el original.

Transcripción sin símbolos

palmas y así regresamos bajo la cegadora luz del sol de noviembre, reflejado en la blanca nieve del campus: al fondo el río, los puentes, los árboles con sus témpanos y nosotros dos, quién sabe hacia dónde…

XIX

El viernes, antepenúltimo día de mi estancia en Boulder y USA, es agitado. Desayuno temprano con Djebal Kadir, Ariel Dorfman y otros invitados, en el Faculty Club. Alrededor de las nueve, Ana nos toma varias fotos y, radiante, me dice que ya tiene su pasaje para Bogotá. Kadir bromea sobre nosotros dos y Ana, nerviosa y tímida, sonríe: Kadir insiste en tomarnos, a Ana y a mí, una foto juntos. Bromas. Almuerzo de trabajo, a la gringa, y paseo con Kadir por la colina. Magnifico tipo, como me lo pareció desde Saint-Louis. Al promediar la tarde, y antes de la conferencia de, Dorfman, vuelvo a encontrarme con Ana: con sus compañeros, analiza en el Roma Expresso – mi sitio preferido y, sin saberlo, también de ella – el cuento Las babas del diablo, de Cortázar. Les recomiendo que, como complemento, vean la película Blow-Up de Michelangelo Antonioni, basada en el cuento. Tras la conferencia de Dorfman, y un cóctel en casa de Ray Williams – donde vuelvo ver a *Sukenic y a otros escritores posmodernos, como Kats, por ejemplo –, voy al Faculty Club. A los cinco minutos aparece Ana para cumplir nuestra última cita en Boulder. Nunca la vi tan hermosa y exquisitamente vestida. Su hermoso cabello sobre la frente, lo que hace aún más profunda y limpia su mirada, un bello traje rojo, de noche, su abrigo, y foulard, y para que todo sea completo, el carro* de su mamá, pues la noche es especial. Tiene mucha clase y siento que tanta belleza es para mí. La llevo al Boulderado, lugar ya entrañable para ambos, y la noche comienza para nosotros como aperitivo con una de las sonatas de Beethoven. Le cuento


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