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Cuaderno Otoño Cheyenne y Palabra Mayor

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Transcripción con símbolos

pasea por el pueblo y los alrededores, más | potables que <Lincolln> Lincoln. Ceno en su | casa, con su mujer, su bella hija Stacey, | y Lucía Garavito, una simpática e inteligen-|te compatriota que trabaja en la universi-|dad. El lunes doy mi conferencia, que es | bien recibida −ya es costumbre, gracias a Dios− | y hay una pequeña recepción. Ceno con | Douglas Bensen, hablamos de España y | de poesía, y me voy a mi hotel. Al día | siguiente, Brad me lleva en su auto a | Lincoln, almorzamos con Kay Nickel, Edmun-|do Bendezú, el aragonés y la ecuatoriana y | Catalina Sherman, y después voy al aeropuerto. | El vuelo a Denver se retrasa por el mal tiem-|po −la primera nevada del año− y cuando | llego a Colorado todo está radiante de | nieve. Camino por las calles desiertas de | Boulder, sobre la nieve iluminada por la | luna y me siento como la primera vez que | vi nevar, un lejano invierno, en las | afueras de Viena. Al día siguiente, viajo | a Fort Collins a dar mi última conferencia | de la gira y estoy nervioso como la primera | vez que hablé en público. Todo sale bien | y muy de noche me llevan a Boulder. 

[← XVIII]

Me quedan sólo tres días en Boulder y | quiero aprovecharlos al máximo. Llamo a | Ana y su voz es cada vez más dulce. Me cuenta que ha visto dos veces Casablanca | en blanco y negro. Sucede que durante | nuestro paseo por Pearl Street Mall le | hablo de esa película, que esa misma noche | pasan por televisión en una <horrible> [↑espantosa] versión | en colores, y le digo que la vea en blanco y | negro, y no en es<a>/e\ <terrible> [↑horrible] pastiche de colores | de la iniciativa gringa de ponerle technicolor | a los clásicos. Ana me sorprende por su 

Transcripción sin símbolos

pasea por el pueblo y los alrededores, más potables que Lincoln. Ceno en su casa, con su mujer, su bella hija Stacey,y Lucía Garavito, una simpática e inteligente compatriota que trabaja en la universidad. El lunes doy mi conferencia, que es bien recibida −ya es costumbre, gracias a Dios− y hay una pequeña recepción. Ceno con Douglas Bensen, hablamos de España y de poesía, y me voy a mi hotel. Al día siguiente, Brad me lleva en su auto a Lincoln, almorzamos con Kay Nickel, Edmundo Bendezú, el aragonés y la ecuatoriana y Catalina Sherman, y después voy al aeropuerto. El vuelo a Denver se retrasa por el mal tiempo −la primera nevada del año− y cuando llego a Colorado todo está radiante de nieve. Camino por las calles desiertas de Boulder, sobre la nieve iluminada por la luna y me siento como la primera vez que vi nevar, un lejano invierno, en las afueras de Viena. Al día siguiente, viajo a Fort Collins a dar mi última conferencia de la gira y estoy nervioso como la primera vez que hablé en público. Todo sale bien y muy de noche me llevan a Boulder.

XVIII

Me quedan sólo tres días en Boulder y quiero aprovecharlos al máximo. Llamo a Ana y su voz es cada vez más dulce. Me cuenta que ha visto dos veces Casablanca en blanco y negro. Sucede que durante nuestro paseo por Pearl Street Mall le hablo de esa película, que esa misma noche pasan por televisión en una espantosa versión en colores, y le digo que la vea en blanco y negro, y no en ese horrible pastiche de colores de la iniciativa gringa de ponerle tecnicolor a los clásicos. Ana me sorprende por su


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