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Transcripción con símbolos
forma de nostalgia. Con nuestras manos entre-|lazadas, debo separarme de Ana pues me espera | un compromiso con Mrs. Robinson, quien me | invita a cenar en un restaurante de alto pedi-|gree, y me habla de Borges, a quien invitó en | ese mismo lugar, y de Beatriz Guido, que se-|gún me cuenta, acaba de morir. Tras la | excelente cena y charla regreso al Faculty Club | y allí encuentro, por debajo de la puerta, una | carta <de> [↑ que] Ana deslizó para mí. Me recuerda | y agradece las sensaciones del día, me invita | a visitar en Lincoln (Nebraska) su antigua | casa, y me convida a desayunar con ella en el | campus al día siguiente. No puedo, pues | debo madrugar para llegar a tiempo a Denver | y tomar mi avión hacia Lincoln. Pienso en ella, | en todo lo que nos une, y beso las trece letras | de su nombre.
XVII
Lincoln es un pueblo grande, donde el viento | sopla sin piedad y donde me es imposible | pensar en vivir alguna vez. Kay Nickel me instala en el Hilton y más tarde me | lleva a la universidad. Doy dos charlas | en los cursos avanzados y finalmente, mi | conferencia, que resulta bien acogida. Un colom-|biano y un <portorriqueño> [↑ guatemalteco] me llevan a tomar | cerveza, único deporte de la urbe y más tarde | regreso a mi hotel. El impresionante frío de | Lincoln me hace recordar el calor común de mis | manos entrelazadas con las de Ana. El sábado | por la noche hay una recepción en mi honor en | casa de un aragonés y su mujer, ecuatoriana. | Denita Steinbach me cuenta sus tribulaciones | y me parece menos atractiva que el día ante-|rior, cuando fue <me> [↑mi] guía por una casa llena | de fantasmas. El domingo me llevan en | automóvil hasta Topeka y ahí me recoge | Brad [←Bradley Shaw], quien me lleva a Manhattan y me
Transcripción sin símbolos
forma de nostalgia. Con nuestras manos entrelazadas, debo separarme de Ana pues me espera un compromiso con Mrs. Robinson, quien me invita a cenar en un restaurante de alto pedigree, y me habla de Borges, a quien invitó en ese mismo lugar, y de Beatriz Guido, que según me cuenta, acaba de morir. Tras la excelente cena y charla regreso al Faculty Club y allí encuentro, por debajo de la puerta, una carta que Ana deslizó para mí. Me recuerda y agradece las sensaciones del día, me invita a visitar en Lincoln (Nebraska) su antigua casa, y me convida a desayunar con ella en el campus al día siguiente. No puedo, pues debo madrugar para llegar a tiempo a Denver y tomar mi avión hacia Lincoln. Pienso en ella, en todo lo que nos une, y beso las trece letras de su nombre.
XVII
Lincoln es un pueblo grande, donde el viento sopla sin piedad y donde me es imposible pensar en vivir alguna vez. Kay Nickel me instala en el Hilton y más tarde me lleva a la universidad. Doy dos charlas en los cursos avanzados y finalmente, mi conferencia, que resulta bien acogida. Un colombiano y un guatemalteco me llevan a tomar cerveza, único deporte de la urbe y más tarde regreso a mi hotel. El impresionante frío de Lincoln me hace recordar el calor común de mis manos entrelazadas con las de Ana. El sábado por la noche hay una recepción en mi honor en casa de un aragonés y su mujer, ecuatoriana. Denita Steinbach me cuenta sus tribulaciones y me parece menos atractiva que el día anterior, cuando fue mi guía por una casa llena de fantasmas. El domingo me llevan en automóvil hasta Topeka y ahí me recoge Brad, Bradley Shaw, quien me lleva a Manhattan y me
