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Cuaderno Otoño Cheyenne y Palabra Mayor

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Transcripción con símbolos

tres [↑muchachas disfrazadas de] gatas deprimidas por la luna se lamen | sus recuerdos mientras el <sol> día se abre paso | sobre las Montañas Rocosas. La sensatez vuelve | a esgrimir su ácida cara y al transeúnte no | le queda más remedio que disfrazarse de sí mismo.

XII

El vuelo temprano, en TWA, de Denver a | Saint-Louis, enlace en la ciudad de Lindberg | (la reproducción exacta del “spirtit of Saint-Louis”), | el avión que por primera vez cruzó el Atlántico, | honra el aeropuerto, que no se llama Lindberg, | como cabe esperar, sino Lambert y rumbo | a Kansas City, a donde llego al promediar la | tarde. Raymond Souza me espera y de allí | me traslada en su auto a Lawrence, a | muchas millas de distancia. A lo largo de | las carreteras de Missouri y Kansas puedo | apreciar el noble semblante de los halcones, | firmes y vigilantes, sobre las vallas y postes | de la carretera. El halcón territorial, por | oposición a mi emblemático halcón peregrino | (tema de una de mis conferencias), cuida | su espacio, alerta ante los intrusos. En | Lawrence Souza me muestra una peculiar | escuela para indios, algo así como una | reserva para cultivar el espíritu de los anti-|guos dueños de estas tierras. Al día siguien-|te, en la universidad, observo una exposición | sobre la batalla de Little Big Horn, donde | el coronel Custer y el 7° de caballería mordieron | el polvo a manos de Toro Sentado y sus bravos. | Recepción en casa de Souza con catedráticos | e íntimos. Mi aposento, en el subsuelo, ha | sido refugio de ilustres: Vargas Llosa y | señora; Pam y Ray Williams; Otto Morales, | Antonio Skármeta, Reynaldo Arenas, Alvarez | Gardeazabal, y ahora el suscrito. Conferencia en | [←la universidad de Kansas,] el lunes y excelente acogida por parte del | público, uno de los más capacitados entre 

Transcripción sin símbolos

tres muchachas disfrazadas de gatas deprimidas por la luna se lamen sus recuerdos mientras el día se abre paso sobre las Montañas Rocosas. La sensatez vuelve a esgrimir su ácida cara y al transeúnte no le queda más remedio que disfrazarse de sí mismo.

XII

El vuelo temprano, en TWA, de Denver a Saint-Louis, enlace en la ciudad de Lindberg (la reproducción exacta del “spirtit of Saint-Louis”), el avión que por primera vez cruzó el Atlántico, honra el aeropuerto, que no se llama Lindberg, como cabe esperar, sino Lambert y rumbo a Kansas City, a donde llego al promediar la tarde. Raymond Souza me espera y de allí me traslada en su auto a Lawrence, a muchas millas de distancia. A lo largo de las carreteras de Missouri y Kansas puedo apreciar el noble semblante de los halcones, firmes y vigilantes, sobre las vallas y postes de la carretera. El halcón territorial, por oposición a mi emblemático halcón peregrino (tema de una de mis conferencias), cuida su espacio, alerta ante los intrusos. En Lawrence Souza me muestra una peculiar escuela para indios, algo así como una reserva para cultivar el espíritu de los antiguos dueños de estas tierras. Al día siguiente, en la universidad, observo una exposición sobre la batalla de Little Big Horn, donde el coronel Custer y el 7° de caballería mordieron el polvo a manos de Toro Sentado y sus bravos. Recepción en casa de Souza con catedráticos e íntimos. Mi aposento, en el subsuelo, ha sido refugio de ilustres: Vargas Llosa y señora; Pam y Ray Williams; Otto Morales, Antonio Skármeta, Reynaldo Arenas, Álvarez Gardeazabal, y ahora el suscrito. Conferencia en la universidad de Kansas, el lunes y excelente acogida por parte del público, uno de los más capacitados entre 


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