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Cuaderno Otoño Cheyenne y Palabra Mayor

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Transcripción con símbolos

deramos que él fue, antes que diplomático | y poeta, un seminarista preconciliar. ¿Insta-|urara | en el templo vacío un nuevo culto? En | cualquier caso, al <V> atardecer, aún se escuchan | en la casa los murmullos y cantos de los escépticos.

V

A varias horas de Denver, hacia el sur, donde Colo-|rado responde a su nombre, hay un pueblo llamado | Pueblo. Y más al sur, <cuando> [↑donde] la tierra yerma ob-|nubila| los cansados ojos de los viajeros, hay un pueblo | llamado Ratón. Entre Pueblo y Ratón, la vieja | historia española cambia de acento y la llanura se | pone tan triste como la mirada de los habitantes | de la zona. Y tal sensación persiste en los nombres | de los pueblos que le salen al paso al viajero: Apache, Huérfano County, las Animas, Trinidad. | Y de pronto las Montañas Rocosas vuelven a aparecer, | como escolta multiplicada, a lado y lado de la | vía, con geometrías caprichosas, romas y agudas, unas | veces, y otras como un par de yunkes gigantescos. Y | a sus pies un pueblo extraño, Cimarrón, que depara | una de las más hermosas visiones de Nuevo México. | Los árboles de oro se <multiplican> reproducen en | Cimarrón e iluminan un otoño lleno de venados que | pasean al pie de las colinas, sus cascos levantan | música de las hojas, que brillan como una danza de | monedas. Del ocre al púrpura, del siena al | violeta la estela multicolor le da un sentido ama-|ble y profundo al aire de Cimarrón. ||1 Nuevo México | ante los ojos, con la memoria de DH Lawrence y | otros soñadores, se extiende hacia un infinito ser, | casi hasta la fibra donde el viajero cree haber | visto la primera luz. Pensó entonces que el hombre | sólo es adulto cuando teoriza sobre sus propias | sensaciones, y se sumergió en el espacio cálido de | la tarde, hasta llegar a Santa Fé. La capital | de Nuevo México es tan española como pudo | serlo siglos atrás la capital de la Nueva Grana-| 

1) Marca del autor: indica una separación tardía del párrafo.

Transcripción sin símbolos

deramos que él fue, antes que diplomático y poeta, un seminarista preconciliar. ¿Instaurará en el templo vacío un nuevo culto? En cualquier caso, al atardecer, aún se escuchan en la casa los murmullos y cantos de los ecepticos.

V

A varias horas de Denver, hacia el sur, donde Colorado responde a su nombre, hay un pueblo llamado Pueblo. Y más al sur, donde la tierra yerma obnubila los cansados ojos de los viajeros, hay un pueblo llamado Ratón. Entre Pueblo y Ratón, la vieja historia española cambia de acento y la llanura se pone tan triste como la mirada de los habitantes de la zona. Y tal sensación persiste en los nombres de los pueblos que le salen al paso al viajero: Apache, Huérfano County, las Animas, Trinidad. Y de pronto las Montañas Rocosas vuelven a aparecer, como escolta multiplicada, a lado y lado de la vía, con geometrías caprichosas, romas y agudas, unas veces, y otras como un par de yunques gigantescos. Y a sus pies un pueblo extraño, Cimarrón, que depara una de las más hermosas visiones de Nuevo México. Los árboles de oro se reproducen en Cimarrón e iluminan un otoño lleno de venados que pasean al pie de las colinas, sus cascos levantan música de las hojas, que brillan como una danza de monedas. Del ocre al púrpura, del siena al violeta la estela multicolor le da un sentido amable y profundo al aire de Cimarrón. 

Nuevo México ante los ojos, con la memoria de DH Lawrence y otros soñadores, se extiende hacia un infinito ser, casi hasta la fibra donde el viajero cree haber visto la primera luz. Pensó entonces que el hombre sólo es adulto cuando teoriza sobre sus propias sensaciones, y se sumergió en el espacio cálido de la tarde, hasta llegar a Santa Fé. La capital de Nuevo México es tan española como pudo serlo siglos atrás la capital de la Nueva Grana-

 


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