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Cuaderno Otoño Cheyenne y Palabra Mayor

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Transcripción con símbolos

del país, se convirtiera en un centro espiritualista | y esotérico de primer orden, con iglesias para todos | los cultos y ritos, incluida una para los budis-|tas blancos de la región. [← Y para no desentonar con tan alto super | avit espiritual, Ray Williams y yo | nos sumergimos en la penumbra de un | cine para ver el tan debatido filme de | Scorsese La última tentación de Cristo. Nada, | salvo la admirable desnudez de Barbara Herschey1.][↑ Sus hermosas piernas †††††††† | logró perturbarnos. En fin, la película es un pretexto para que los fanáticos | desaten sus iras. Nada más.] En cualquier caso, la | ciudad respira todavía el aire de Allan Gilsberg | y de los hippies de los años sesenta, algunos de los | cuales mantienen sus comunas al pie de las | Rocosas. Grata me resulta la acogida de Raymond | y Pam Williams, así como el reencuentro con el | crítico y profesor español Darío Villanueva, viejo amigo | mío desde España. 

IV

Conferencias en las universidades de Greensboro | en Carolina del Norte y Duke. Reencuentro con | Ramiro Lagos y Mark Smith-Soto; evocación de los | tiempos de Barcelona. El vuelo Denver-Charlotte-| Greensboro es impecable, y en Greensboro el aloja-|miento en la Alumni House es cómodo y en | pleno corazón del campus. Como la de Boulder, | la universidad me conquista por su ambiente | juvenil, inquieto, sugestivo, y por la sensualidad | que irradian sus bellas muchachas, descomplicadas | y risueñas. Conozco a Carmen T. Sotomayor, una española de Cáceres, profesora de la universidad y | especialista en Goytisolo. Me atrae su belleza e inte-|ligencia y eso que si no fuera por el carácter transito-|rio de mi viaje me involucraría sentimentalmente | con ella. Me acompaña a Duke donde mi confe-|rencia sobre las perspectivas de la novela ante el | fin de siglo es bien acogida por el público. Allí | encuentro a Francisco Díaz de Castro, amigo de | la época de Palma de Mallorca [← y a Gustavo Pérez Firmat]. Y conozco a dos | bellas muchachas: la española Laura, y la norte-|americana Alice Nelson, muy atractivas ambas, | sobre todo la española. Lo español comienza a ser | una constante en mi viaje. En Greensboro doy | dos conferencias: una sobre la experiencia de los | escritores colombianos en el extranjero, y otra 

1) Así en el manuscrito.

Transcripción sin símbolos

del país, se convirtiera en un centro espiritualista y esotérico de primer orden, con iglesias para todos los cultos y ritos, incluida una para para los budistas blancos de la religión. Y para no desentonar con tan alto super avit espiritual, Ray Williams y yo nos sumergimos en la penumbra de un cine para ver el tan debatido filme de Scorsese La última tentación de Cristo. Nada, salvo la admirable desnudez de Barbara Hershey. Sus hermosas piernas ††††††† logró perturbarnos. En fin, la película es un pretexto para que los fanáticos desaten sus iras. Nada más. En cualquier caso, la ciudad respira todavía el aire de Allan Gilsberg y de los hippies de los años sesenta, algunos de los cuales mantienen sus comunas al pie de las Rocosas. Grata me resulta la acogida de Raymond y Pam Williams, así como el reencuentro con el crítico y profesor español Darío Villanueva, viejo amigo mío desde España. 

IV

Conferencias en las universidades de Greensboro en Carolina del Norte y Duke. Reencuentro con Ramiro Lagos y Mark Smith-Soto; evocación de los tiempos de Barcelona. El vuelo Denver-Charlotte-Greensboro es*impecable, y en Greensboro el alojamiento en la Alumni House es cómodo y en pleno corazón del campus. Como la de Boulder, la universidad me conquista por su ambiente juvenil, inquieto, sugestivo, y por la sensualidad que irradian sus bellas muchachas, descomplicadas y risueñas. Conozco a Carmen T. Sotomayor, una española de Cáceres, profesora de la universidad y especialista en Goytisolo. Me atrae su belleza e inteligencia y eso que si no fuera por el carácter transitorio de mi viaje me involucraría sentimentalmente con ella. Me acompaña a Duke donde mi conferencia sobre las perspectivas de la novela ante el fin de siglo es bien acogida por el público. Allí encuentro a Francisco Díaz de Castro, amigo de la época de Palma de Mallorca y a Gustavo Pérez Firmat. Y conozco a dos bellas muchachas: la española Laura, y la norteamericana Alice Nelson, muy atractivas ambas, sobre todo la española. Lo español comienza a ser una constante en mi viaje. En Greensboro doy dos conferencias: una sobre la experiencia de los escritores colombianos en el extranjero, y otra 


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