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Cuaderno Augusta sílaba y Homo viator

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Transcripción con símbolos

<de los terratenientes de las a> [­con] que los fundamentalismos | rurales* de Scorza, por ejemplo, parecían <condenar*> [↑ explicar el] destino americano.

<Pasajeros* sin* † †> **Las memorias de Bryce Eche-|nique nos hicieron registrar una de las tendencias más | marcadas de los escritores latinoamericanos contemporá-|neos. Mientras García Márquez anuncia sus Memorias perio-|dísticas y Carlos Fuentes hace autobiografía en Diana o la | cazadora solitaria, podemos leer las memorias de Bioy | Casares, Vargas Llosa,   Edwards, Reynaldo Arenas y hasta | [← <la>] el mismo anfitrión nos ofrece póstumamente Los cuadernos | de Juan Rulfo. En efecto, estos Cuadernos, junto con Pe-|rmiso para vivir, de Bryce, y Sólo para fumadores y Diarios, | del galardonado Ribeyro, parecen justificar a lo largo | de esta semana el clima evocador que se despren-|dió de la emotiva evocación <de † †> que la | viuda de Borges hizo <del escritor en> [↑ durante] la locuaz | madrugada del primer día. No hay duda alguna: | ella es Ulrika y Borges ese profesor colombiano a | quien amó en algún <pueblo> encuentro universitario | en la vieja Inglaterra. ¿Cuándo nos regalará María | Kodama sus infinitas memorias compartidas con | el autor de <“Funes el memorioso”> <“>Amorosa antici-|pación <”>? “Quieta y resplandeciente como una dicha | que la memoria elige, / me darás esa orilla de tu vida | que tú misma no tienes…”

Aurelio Arturo. Al principio no le presté atención. A | mi lado, en el mezanine de la librería Buchholz, un | hombre mayor, de aproximadamente sesenta años, hurgaba | entre los atiborrados estantes. Delgado, casi ascético, de | finas gafas [↑ ,corbatín] y una gabardina color marfil, hojeaba | con fruición los libros, lejos del mundo. Media hora más | tarde, en el primer piso de la librería, supe quién era, | <pues> [↑ cuando] Nicolás Suescún, entonces director de la librería, | me lo presentó: Aurelio Arturo. Era un sábado y Sues-|cún me había citado allí para pagarme <mi colaboración> [↑ un artículo publica] | [↑ do] en un número de Eco, la revista que él dirigía. Se trataba 

Transcripción sin símbolos

con que los fundamentalismos rurales* de Scorza, por ejemplo, parecían explicar el destino americano.

**Las memorias de Bryce Echenique nos hicieron registrar una de las tendencias más marcadas de los escritores latinoamericanos contemporáneos. Mientras García Márquez anuncia sus Memorias periodísticas y Carlos Fuentes hace autobiografía en Diana o la cazadora solitaria, podemos leer las memorias de Bioy Casares, Vargas Llosa, Edwards, Reynaldo Arenas y hasta el mismo anfitrión nos ofrece póstumamente Los cuadernos de Juan Rulfo. En efecto, estos Cuadernos, junto con Permiso para vivir, de Bryce, y Sólo para fumadores y Diarios, del galardonado Ribeyro, parecen justificar a lo largo de esta semana el clima evocador que se desprendió de la emotiva evocación que la viuda de Borges hizo durante la locuaz madrugada del primer día. No hay duda alguna: ella es Ulrika y Borges ese profesor colombiano a quien amó en algún encuentro universitario en la vieja Inglaterra. ¿Cuándo nos regalará María Kodama sus infinitas memorias compartidas con el autor de Amorosa anticipación? “Quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige, / me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes…”

Aurelio Arturo. Al principio no le presté atención. A mi lado, en el mezanine de la librería Buchholz, un hombre mayor, de aproximadamente sesenta años, hurgaba entre los atiborrados estantes. Delgado, casi ascético, de finas gafas, corbatín y una gabardina color marfil, hojeaba con fruición los libros, lejos del mundo. Media hora más tarde, en el primer piso de la librería, supe quién era, cuando Nicolás Suescún, entonces director de la librería, me lo presentó: Aurelio Arturo. Era un sábado y Suescún me había citado allí para pagarme un artículo publicado en un número de Eco, la revista que él dirigía. Se trataba 

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