Página 2
mucho más divertido— sucede con la evocación de | la desgraciada entrevista que [↑ Yamid Amat], un poderoso hombre de | televisión, le hizo a María Kodama en Bogotá. Tan | terrible fue el asunto, recuerda ella, que a la salida | de los estudios todos los miembros del equipo | —asesores, camarógrafos, electricistas—, le presentaron | excusas por tan lamentable espectáculo. “La cosa no | quedó ahí” —le digo, “pues en una facultad de Ciencias | de la Comunicación [↑ los profesores le] exhiben el video [↑ a sus alumnos] como ejemplo | manifiesto de lo que nunca deb<ía>/e\ ser una entre-|vista televisiva”. Borges también se habría reído del | asunto y tal vez por eso insistía que “ser colombiano es | un acto de fe”. Aparentemente frágil —impresión incre-|mentada por el frío de la madrugada—, María Kodama | es en realidad una mujer de férreas y bien fundadas | convicciones. Es obvio que <a su lado> [↑ frente a ella] el tema de Borges | termine por imponerse, aunque pocas cosas del orbe | literario se le escapan. <† † † † † †> [↑ De ahí que a nadie le extrañe] | <† † † † † † † † † †> [↑ su actitud al votar por Julio Ramón Ribeyro en esta] | <esta entrega> [↑ nueva concesión] del “Premio Juan Rulfo”, <†> [↑ autentico acto] | | <† † † † † † † † † †> [↑ de reconocimiento y justicia literaria al excelente] | <Julio Ramón Ribeyro> [↑ escritor peruano.] Al día siguiente tiene lugar la ceremonia de premiación | y es como si todas las personas del mundo se hubie-|ran dado cita en Guadalajara. [← Y cuando todos echábamos de menos al único peruano que no | asistió, Dante Medina interrumpió una de las veladas para | comunicar a los <pre> asistentes que Mario Vargas Llosa acababa | de obtener el Premio Cervantes de Literatura. La fiesta peruana | apenas comenzaba…] Si el voto de los | jurados fue unánime, no cabe duda que la | duración de las lecturas, y el afecto de los amigos de | Ribeyro resulta plenario.* 2 Algo parecido ocurre con | Alfredo Bryce Echenique, [↑ < †>] quien llegó para partici-|par en las mesas redondas sobre su compatrio-|ta pero también para recibir sendos homenajes: unos | con motivo del primer cuarto de siglo de la apa-|rición de Un mund<us>/o\ para Julius —que tuve el | honor de presidir— y <un> el acto de presentación de | la edición mexicana de sus memorias, acto en | el que intervinieron Adriano González León, Abelar-|do Oquendo y Adolfo Castañón. Claro está que, | cuando interviene Bryce Echenique su sintonía 2 Escrito por el autor, señala la inlcusión de un párrafo que aparece precedido por un asterisco unas páginas después. mucho más divertido— sucede con la evocación de la desgraciada entrevista que Yamid Amat, un poderoso hombre de televisión, le hizo a María Kodama en Bogotá. Tan terrible fue el asunto, recuerda ella, que a la salida de los estudios todos los miembros del equipo —asesores, camarógrafos, electricistas—, le presentaron excusas por tan lamentable espectáculo. “La cosa no quedó ahí” —le digo, “pues en una facultad de Ciencias de la Comunicación los profesores le exhiben el video a sus alumnos como ejemplo manifiesto de lo que nunca debe ser una entrevista televisiva”. Borges también se habría reído del asunto y tal vez por eso insistía que “ser colombiano es un acto de fe”. Aparentemente frágil —impresión incrementada por el frío de la madrugada—, María Kodama es en realidad una mujer de férreas y bien fundadas convicciones. Es obvio que frente a ella el tema de Borges termine por imponerse, aunque pocas cosas del orbe literario se le escapan. De ahí que a nadie le extrañe su actitud al votar por Julio Ramón Ribeyro en esta nueva concesión del “Premio Juan Rulfo”, autentico acto de reconocimiento y justicia literaria al excelente escritor peruano. Al día siguiente tiene lugar la ceremonia de premiación y es como si todas las personas del mundo se hubieran dado cita en Guadalajara. Y cuando todos echábamos de menos al único peruano que no asistió, Dante Medina interrumpió una de las veladas para comunicar a los asistentes que Mario Vargas Llosa acababa de obtener el Premio Cervantes de Literatura. La fiesta peruana apenas comenzaba… Si el voto de los jurados fue unánime, no cabe duda que la duración de las lecturas, y el afecto de los amigos de Ribeyro resulta plenario. Algo parecido ocurre con Alfredo Bryce Echenique, quien llegó para participar en las mesas redondas sobre su compatriota pero también para recibir sendos homenajes: unos con motivo del primer cuarto de siglo de la aparición de Un mundo para Julius —que tuve el honor de presidir— y el acto de presentación de la edición mexicana de sus memorias, acto en el que intervinieron Adriano González León, Abelardo Oquendo y Adolfo Castañón. Claro está que, cuando interviene Bryce Echenique su sintonía Transcripción con símbolos
Transcripción sin símbolos
