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Transcripción con símbolos
invitación <n> ha sido extendida por el embajador Victor | G. Ricardo, para participar el día de Colombia en el marco | de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Tras | dormir mas horas en el Hotel Intercontinental —de | corte británico y excelente servicio— Iván Nichols,7 | quien es el Ministro Consejero, nos lleva a pasear por | la ciudad. Pido nos lleve a La Vida, el célebre restaur-|rante donde almuerza A. Bioy Casares y, tras depar-|tir durante un largo rato en la terraza, visitamos el | cementerio de La Recoleta, donde lo primero que vemos | es <la> el panteón de la familia Casares. El cementerio | es una ciudad, con calles rotuladas y numeradas, con | gran profusión de tumbas inglesas y francesas. Lo | que más nos interesa es la dedicada a la memoria de | Domingo Faustino Sarmiento. Satisfecho el frenesí | necrofílico, deambulamos por otros lugares de la ciudad. | Tra<n>/s\ un excelente almuerzo nos dirigimos a la sede de | la Feria, donde encuentro a Ricardo Piglia. Grato reen-|cuentro y evocación común de nuestro viaje por Alema-|nia, en el verano de 1985, y mi visita a Buenos Aires, en | 1991. En el 89 no lo encontré, pues estaba de guionista | en Hollywood. “No me hagas recordar esa experiencia”, | me dice, como si sus relaciones con los magnates del | cine no hubiera sido satisfactoria. Con Collazos recuer-|dan los primeros tiempos de La Habana, sobre todo los | de 1968. Nos citamos, con más tiempo, para el día siguiente. | Tras bebernos una botella de whisky en casa de Nichols, nos | vamos al Hotel.
Al día siguiente, domingo, <se> cumplimos uno de los | sueños de Collazos: visitar La Boca, caminito y uno | de los lugares fetiches del tango, al lado del Puerto. | Más tarde la calle Corrientes y visita a Librerías de viejo y | a tiendas de discos. Buenos Aires me cautiva una vez | más, como desde la primera ocasión en que la visité: ciu-|dad hermosa, misteriosa, jovial, sensualizada por la litera-|tura. Y con toda razón. Teorizamos sobre la causa | que embellece unánimemente el trasero de las argen
7 Desde este momento, R.H. escribe el nombre de Nicholls con una l. Corregimos en la versión sin símbolos.
Transcripción sin símbolos
invitación ha sido extendida por el embajador Victor G. Ricardo, para participar el día de Colombia en el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Tras dormir mas horas en el Hotel Intercontinental —de corte británico y excelente servicio— Iván Nicholls, quien es el Ministro Consejero, nos lleva a pasear por la ciudad. Pido nos lleve a La Vida, el célebre restaurante donde almuerza A. Bioy Casares y, tras departir durante un largo rato en la terraza, visitamos el cementerio de La Recoleta, donde lo primero que vemos es el panteón de la familia Casares. El cementerio es una ciudad, con calles rotuladas y numeradas, con gran profusión de tumbas inglesas y francesas. Lo que más nos interesa es la dedicada a la memoria de Domingo Faustino Sarmiento. Satisfecho el frenesí necrofílico, deambulamos por otros lugares de la ciudad. Tras un excelente almuerzo nos dirigimos a la sede de la Feria, donde encuentro a Ricardo Piglia. Grato reencuentro y evocación común de nuestro viaje por Alemania, en el verano de 1985, y mi visita a Buenos Aires, en 1991. En el 89 no lo encontré, pues estaba de guionista en Hollywood. “No me hagas recordar esa experiencia”, me dice, como si sus relaciones con los magnates del cine no hubiera sido satisfactoria. Con Collazos recuerdan los primeros tiempos de La Habana, sobre todo los de 1968. Nos citamos, con más tiempo, para el día siguiente. Tras bebernos una botella de whisky en casa de Nicholls, nos vamos al Hotel.
Al día siguiente, domingo, cumplimos uno de los sueños de Collazos: visitar La Boca, caminito y uno de los lugares fetiches del tango, al lado del Puerto. Más tarde la calle Corrientes y visita a Librerías de viejo y a tiendas de discos. Buenos Aires me cautiva una vez más, como desde la primera ocasión en que la visité: ciudad hermosa, misteriosa, jovial, sensualizada por la literatura. Y con toda razón. Teorizamos sobre la causa que embellece unánimemente el trasero de las argen
