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Cuaderno Augusta sílaba y Homo viator

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Transcripción con símbolos

así lo divulgo. Y como si Adoum me escuchara, | regresa por la tarde de la zona de guerra y gene-|rosamente asiste a la presentación de Como el | halcón peregrino. Había anunciado que no podía ir | y, además, nunca participa en esta clase de actos, | por lo que sus enemigos lo tildan de “soberbio”. | ¡Qué estupidez! Y sin embargo está ahí: “Quería | saludarte, felicitarte por tu libro, con el que creas | un género nuevo, entre la crónica y el relato, y | agradecerte haberme incluido en la nómina de | tu memoria”, me dice. “A lo mejor nos unió el | común amor que profesamos por Manuelita Sáenz, | le digo, y rememoramos una cena en casa del | poeta Fernando Arbeláez, años atrás. A su lado, | está el escritor Iván Egüez, a quien conocía por | algunos de sus libros y por haber compartido | conmigo espacio en la antología que Angel5 | Rama publicó en 1981 sobre los narradores del | post-boom: Novísimos narradores hispanoamericanos | en Marcha, publicada en México. También encuentro | en la recepción a Carlos Becerra, compañero de estudios | en los ya lejanos tiempos de la Universidad Nacio-|nal. Es funcionario de la ONU y recuerdo que la | última vez que lo vi fue en 1972 en Lima, cuando | él y yo, junto con Leonel Massum y su belleza6 esposa | Edith coincidimos en la cola de un cine para ver | La naranja mecánica. Me dice que Edith, más hermo-|sa que nunca, es ahora la mujer más rica de Hun-|gría, pues las autoridades actuales le devolvieron las | riquísimas propiedades que le expropió a su familia el | régimen comunista. Edith y Leonel —un sociólogo | belga—, vivieron durante años en Colombia. Las hijas | de Edith, tan bellas como su madre, aparecen cada | rato en las portadas de Vogue y otras revistas interna-|cionales. Me llama la atención la gran canti-|dad de colombianos que residen en Quito. Tras | la grata presentación, una cena llena de “patos” | y otra vez al Oro Verde.


Así en el original.

Así en el original.

Transcripción sin símbolos

así lo divulgo. Y como si Adoum me escuchara, regresa por la tarde de la zona de guerra y generosamente asiste a la presentación de Como el halcón peregrino. Había anunciado que no podía ir y, además, nunca participa en esta clase de actos, por lo que sus enemigos lo tildan de “soberbio”. ¡Qué estupidez! Y sin embargo está ahí: “Quería saludarte, felicitarte por tu libro, con el que creas un género nuevo, entre la crónica y el relato, y agradecerte haberme incluido en la nómina de tu memoria”, me dice. “A lo mejor nos unió el común amor que profesamos por Manuelita Sáenz, le digo, y rememoramos una cena en casa del poeta Fernando Arbeláez, años atrás. A su lado, está el escritor Iván Egüez, a quien conocía por algunos de sus libros y por haber compartido conmigo espacio en la antología que Angel Rama publicó en 1981 sobre los narradores del post-boom: Novísimos narradores hispanoamericanos en Marcha, publicada en México. También encuentro en la recepción a Carlos Becerra, compañero de estudios en los ya lejanos tiempos de la Universidad Nacional. Es funcionario de la ONU y recuerdo que la última vez que lo vi fue en 1972 en Lima, cuando él y yo, junto con Leonel Massum y su bella esposa Edith coincidimos en la cola de un cine para ver La naranja mecánica. Me dice que Edith, más hermosa que nunca, es ahora la mujer más rica de Hungría, pues las autoridades actuales le devolvieron las riquísimas propiedades que le expropió a su familia el régimen comunista. Edith y Leonel —un sociólogo belga—, vivieron durante años en Colombia. Las hijas de Edith, tan bellas como su madre, aparecen cada rato en las portadas de Vogue y otras revistas internacionales. Me llama la atención la gran cantidad de colombianos que residen en Quito. Tras la grata presentación, una cena llena de “patos” y otra vez al Oro Verde.

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