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Transcripción con símbolos

tinas. Pienso que se debe a la carne que, de forma tan | particular, se consume en la ciudad. Las argentinas no | son muy hermosas de cara, pero sus traseros enloquecen | a cualquiera. Lo dice el mismo Piglia en nuestra reunión de esa tarde en la Feria. Nos cuenta que prepara un | libro sobre Gombrowicz y se sorprende al saber que mi | segundo texto publicado —“Gombrowicz y la inspección | adolescente”— data de 1969. Ampliado y corregido en 1980. | Le entregaré en Bogotá la semana próxima las dos copias. | Le comento a Collazos la irresistible carrera de Respiración | Artificial y Piglia nos cuenta que su novela La ciudad au-|sente fue convertida en ópera y que ésta será estrenada | a finales del año en el Teatro Colón de Buenos Aires. Exce-|lente noticia. Por otra parte, toda su obra será reeditada | por Seix-Barral en Argentina. Le hago entrega de mis últimos libros: la novela El Caballero de la Invicta, el | ensayo Como el halcón peregrino y el volumen de cuentos | Cartas en el asunto. Evocamos amigos comunes: Gutiérrez | Girardot, Gómez Valderrama, Valencia Goelkel, Garmen-|dia, Skármeta y otros. La indefinible edad de Piglia | me despista, como siempre. Me cuenta que él y otros | amigos han rodeado últimamente a Bioy, tras la muerte | de Silvina Ocampo.  Recuerdo que en el 91 Piglia me contó | picantes anécdotas sobre Bioy, su madre y Silvina. Hoy | forma parte del entourage del viejo escritor. Hablamos | de Virgilio Piñera y Gombrowicz en Buenos Aires en los | años 50. Todo se vuelve literatura: lo que se piensa, lo que se vive, lo que se evoca. Ya tendremos ocasión de | proseguir nuestra charla, con más calma, en Bogotá, <en>/a\ | finales de abril, cuando Piglia vaya a la Feria. Y tras | la entrevista con Piglia, Collazos, Llano Gonzáles y yo | intervenimos en los actos programados por Victor G. Ricar-|do. Collazos habla de la situación de la narrativa colom-|biana, “post garcía márquez", y traza un panorama crítico | y bien argumentado. En la misma tónica, [↑ yo] evoco lo que | los latinoamericanos le debemos a Sarmiento y la | época en que los embajadores eran escritores no naciona-|les, como Ruben Darío, que, pese a ser nicaragüense, repre

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